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Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, como Iglesia enviamos un afectuoso saludo de respeto y reconocimiento a todas las mujeres de nuestro país y, de manera especial, de la Arquidiócesis.
Queremos destacar el rol de tantas madres trabajadoras, jefas de hogar, profesionales, empresarias, políticas y a aquellas mujeres que no engendraron vida en su vientre, pero supieron valorarla y ser verdaderas madres. Cómo no recordar a las mujeres que han sido importantes en nuestra familia, la madre, tías, hermanas, esposa, abuelas; aquellas mujeres que nos trasmitieron la Fe, las catequistas; las que nos formaron académicamente. Somos conscientes que falta mucho en nuestra cultura para que la mujer sea valorada en su justa dimensión, que no quede sólo en el discurso y en la celebración de un día, sino que el respeto a su dignidad y sus derechos sean parte de la cotidianidad. Nuestra cultura sigue siendo machista, con múltiples manifestaciones de violencia y marginación contra la mujer; por otra parte, con frecuencia se descargan en ella muchos deberes que han de ser compartidos en equidad e igualdad con los hombres. Es por ello, que este día, queremos exhortarlos a todos a renovar actitudes y acciones concretas, en los diferentes ámbitos en que nos movemos, para reconocer y valorar la dignidad y la participación de la mujer en la familia, en la sociedad, en la Iglesia. El Documento de Aparecida nos ofrece aportaciones en este sentido: “La sabiduría del plan de Dios nos exige favorecer el desarrollo de la identidad femenina en reciprocidad y complementariedad con la identidad del varón. Por eso, la Iglesia está llamada a compartir, orientar y acompañar proyectos de promoción de la mujer con organismos sociales ya existentes, reconociendo el ministerio esencial y espiritual que la mujer lleva en sus entrañas: recibir la vida, acogerla, alimentarla, darla a luz, sostenerla, acompañarla y desplegar su ser de mujer, creando espacios habitables de comunidad y de comunión.” (Aparecida, 457). El “genio femenino”, al que se refería el Papa Juan Pablo II, se ha desplegado con gracia, delicadeza y eficacia en la humanidad: que los varones sepamos agradecerlo, acogerlo y promoverlo; que las mujeres sepan reconocerlo, defenderlo y cultivarlo. Con respetuoso afecto envío la bendición sobre usted, mujer; y también sobre usted, varón, para revalorar los beneficios de la mujer en su vida. Mons. José Domingo Ulloa Mendieta o.s.a Arzobispo Electo de Panamá Panamá, 8 de marzo 2010
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