| Carta en el día de los Abuelos |
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CARTA EN EL DÍA DE LOS ABUELOS 26 de julio, Fiesta de San Joaquín y Santa Ana
Mis queridos hermanos y hermanas de esta diócesis:
Reciban un cariñoso y cordial saludo en el día de los abuelos.
El día 26 de julio, con motivo de la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, abuelos del Niño Jesús, se viene celebrando el “Día de los abuelos”. Los invito, a que este día, hijos y nietos, realicemos un esfuerzo de cercanía hacia ellos y celebremos de la mejor forma posible esta fiesta, tal y como nuestros abuelos se merecen.
Esta fiesta de gratitud humana es una ocasión propicia para que los abuelos puedan volver a sentirse verdaderos protagonistas. Es una fiesta de agradecimiento, un acto de amor, una acción de gracias, respetuosa y alegre, para hacerles arrancar a nuestros abuelos su mejor sonrisa y la chispa de viveza en sus ojos fatigados por la vejez.
Gracias a nuestros abuelos vinieron a la vida nuestros padres y hoy nosotros vivimos en este siglo XXI. La figura de los abuelos es realmente una figura singular en la familia: es la prolongación de la propia existencia en la vida y en la historia. Es la viva voz que resuena en todos los hogares durante siglos.
Acércate a ellos y verás los ojos de los abuelos, que aunque cansados por el peso de la vida, miran con un amor especial la figura y presencia de los nietos; los nietos al besar y abrazar con un tierno e inmenso cariño a los abuelos les están expresando que quieren vivir juntos siempre; los latidos del corazón de los abuelos son los mismos latidos del corazón de los nietos; los abuelos merecen la expresión más delicada, fina, gentil y cariñosa de los nietos. Los nietos y los abuelos unidos en ese amor recíproco son auténticos mensajeros de esperanza, alegría, amor y paz.
Acerquémonos a los abuelos, con ellos podemos sentir mucho más de lo que podamos imaginar: ellos son ricos en sabiduría, maestros de la vida y testigos admirables. Ellos son un factor integrador de la vida familiar; ellos, con sola su presencia, sostienen y fortalecen un clima de afectividad, cariño y comprensión; y con su equilibrio emocional permiten obtener la madurez en la formación de los nietos.
Dice el libro del Levítico: “Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano” (Lv. 19,32). Honrar a los abuelos supone acercarse a ellos, acogerlos con cariño, asistirlos en sus necesidades y valorar sus cualidades.
Hoy en muchos ambientes se tienden a considerar a los abuelos como personas ya “acabadas”, con los que ya no se cuenta para nada. Es preciso recordar que es propio de una civilización plenamente humana y cristiana respetar, amar y valorar a los abuelos, ya que ellos sienten, a pesar del debilitamiento progresivo de sus fuerzas, ser parte viva de la familia y de la sociedad. Los exhorto a todos y, sobre todo, a los jóvenes a que se acerquen a sus abuelos, de ellos van a recibir mucho más de lo que ustedes pueden pensar.
Este es un día que nace del amor cristiano y de la gratitud humana. Elogiar a los abuelos es tributar un cariño particular por las personas más queridas de nuestra infancia.
Los exhorto a poner ilusión y cariño en la celebración de esta fiesta; rindamos un tierno homenaje a estos hombres y mujeres que juegan un papel tan importante en nuestras vidas, sobre todo en esta época en la que nos ha tocado vivir y en la que todos estamos de acuerdo que la familia es la base y el fundamento de nuestra sociedad. Decía en este sentido el Papa Juan Pablo II: “Es importante que se conserve, o se restablezca donde se haya perdido, un pacto entre generaciones, de modo que los padres ancianos, llegados al término de su camino, puedan encontrar en sus hijos y nietos la acogida y la solidaridad que ellos le dieron cuando nacieron” (Juan Pablo II, Evangelium vitae”).
Gracias abuelos por esa sabiduría acumulada con el paso de los años y que no se aprende en los laboratorios sino en la vida. Sabiduría que nos ayuda a relativizar las cosas superficiales, y a la larga estériles, y a ir a lo esencial (cf. Juan Pablo II, Encíclica Evangelium vitae, 1995).
Ustedes, queridos abuelos, nos ayudan a descubrir que las cosas importantes para ser felices son pocas y, aunque es inevitable que cada uno recorramos nuestro camino, aprendiendo de errores, ustedes siempre están ahí para acoger y comprender, para dar aliento y, cómo no, para decirnos qué es lo más fácil y lo mejor.
Gracias, mil gracias, queridos abuelos, y sigan adelante con vuestra valiosa misión hasta que Dios los invite a su casa para siempre.
Felicito de corazón a todos aquellos que tienen la dicha de ser abuelos y les deseo que este día sea inolvidable para todos ustedes. ¡Recemos por nuestros abuelos!
Reza por ustedes, los quiere y bendice,
+Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta Arzobispo Metropolitano de Panamá
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El día 26 de julio se celebra en el Santoral de la Iglesia Católica la fiesta de San Joaquín y Santa Ana los abuelos de Jesús y en esta ocasión El Sr. Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, o.s.a., le ha dedicado una carta a nuestro abuelos.