En su discurso dirigido a los Obispos Panameños, el Papa Benedicto XVI, recordó que es de vital urgencia que la Iglesia en Panamá no deje de ofrecer luces que contribuyan a la solución de los acuciantes problemas humanos existentes, promoviendo un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales.

Las palabras del Santo Padre se dieron en audiencia con el colegiado de los Obispos panameños, que tuvo lugar en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico de Castelgandolfo, en Roma, como parte de la Visita Ad Limina, realizada del 15 al 19 de septiembre de 2008.
Puntualizó el Papa, que es primordial divulgar el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que facilita un conocimiento más profundo y sistemático de las orientaciones eclesiales que particularmente los laicos han de asumir en el campo político, social y económico, favoreciendo igualmente su correcta aplicación en las circunstancias concretas.
“Así, la esperanza cristiana podrá iluminar al pueblo de Panamá, sediento de conocer la verdad sobre Dios y sobre el hombre en medio de fenómenos como la pobreza, la violencia juvenil, las carencias educativas, sanitarias y de vivienda, el acoso de innumerables sectas o la corrupción, que en diversa medida turban su vida e impidiendo su desarrollo integral”, agregó.
Benedicto XVI, también se refirió a la situación de las familias, de las cuales dijo que muchas viven el ideal cristiano en medio de no pocas dificultades, que amenazan la solidez del amor conyugal, la paternidad responsables y la armonía, y la estabilidad de los hogares.
Al respecto, manifestó que “nunca serán suficientes los esfuerzos que se realicen para desarrollar una pastoral familiar vigorosa, que invite a las personas a descubrir la belleza de la vocación al matrimonio cristiano, a defender la vida humana desde su concepción a su término natural y a construir hogares en los que los hijos se eduquen en el amor a la verdad del Evangelio y en sólidos valores humanos.
En su país –agregó el Sucesor de Pedro– como en otros lugares, se están viviendo momentos arduos, que generan desazón, y también situaciones que despiertan esperanza”.
El Santo Padre recordó la visita que hiciera a Panamá hace 25 años el Siervo de Dios Juan Pablo II, acontecimiento que puede servir de estímulo para dedicarse con ahínco a la pastoral juvenil y vocacional, de “forma que no falten sacerdotes que lleven a los panameños a Cristo, fuente de vida en abundancia para quien se encuentra con Él”.
El Papa invitó a suplicar con confianza al “Dueño de la mies”, que envíe numerosas y santas vocaciones al sacerdocio, para lo cual –reiteró– es esencial también un correcto discernimiento de los candidatos al presbiterado, así como el celo apostólico y el testimonio de comunión y fraternidad de los sacerdotes”.
Sostuvo el Obispo de Roma, que “este estilo de vida ha de inculcarse ya desde el Seminario, en que ha de privilegiarse una seria disciplina académica, espacios y tiempos de oración diaria, la digna celebración de la liturgia, una adecuada dirección espiritual y el cultivo intenso de las virtudes humanas, cristianas y sacerdotales”.



