“El Que Quiere Servir no Escoge el Lugar ”
Por: Josué Pilides
El día martes 21 de abril, en la Catedral Metropolitana, en medio de una Eucaristía, se dio la presentación oficial ante la Iglesia de Mons. Andrés Carrascosa Coso, nuevo Nuncio Apostólico de Su Santidad Benedicto XVI en Panamá.
Con asistencia de los obispos de la CEP, clero, religiosas, colegios católicos, seminaristas, autoridades gubernamentales y una amplia feligresía, se desarrolló esta Eucaristía en un ambiente de alegría y presencia eclesial.
Monseñor Cedeño le dio la bienvenida a la Arquidiócesis y Mons. Lacunza, obispo de David, le dio la bienvenida a nombre de la CEP.
En medio de una liturgia hermosamente llevada, la homilía de Mons. Carrascosa dejó un sabor agradable a todos los asistentes, por su tono sencillo, ameno y vivencial, cargado de emoción.
Monseñor Carrascosa claramente expuso la tarea de un Nuncio apostólico, cargo en el que ya tiene experiencia, puesto que antes de serlo en nuestro país, lo ha sido en el Congo, además cuenta con una larga trayectoria al servicio diplomático de la Santa Sede, en diversos países y regiones (Escadinavia, Brasil y otros).
Comentó que su deseo siempre fue ser un cura de pueblo y nunca pensó, ni deseó trabajar al servicio diplomático de la Santa Sede.
A los seminaristas nos aconsejó leer la encíclica Eclesian Suam del Papa Pablo VI, especialmente el numeral sesenta y siete (67), el que nos dice “La Iglesia debe buscar el conocimiento, se hace mensaje, se hace coloquio” en el contexto de la búsqueda del dialogo fraterno. El Nuncio también nos dice que confía a los seminaristas a la maternal protección de María, porque éstos, se preparan para entregar su vida al servicio del Señor, así como lo hizo ella.
Dos mensajes importantes, que también nos incumben, y que el Nuncio señala en frases como “si el mundo nos odia, sea por anunciar la palabra y no porque la anunciamos mal”.
Con respecto a su caminar vocacional nos enseña algo que oportunamente su obispo le comentó al ordenarle, puesto que su designación para el servicio diplomático se dio antes de ser ordenado presbítero, “El que quiere servir, no escoge el lugar de servir, sirve donde lo mandan”.
Como último, pide que cada vez, que nos acordemos del él, recemos un Avemaría, por su delicado servicio en nuestra patria.



